SOMOS LO QUE REALMENTE QUEREMOS SER?
Si bien no podemos apresar el tiempo, pues éste transcurre inexorablemente, podemos hacernos la ilusión de detenerlo por unos instantes, para atraer a nuestra mente imágenes del pasado. Todo ello se desenvuelve a manera de una película, y otras veces como escenas estáticas como si fueran fotografías.
Cuando estos recuerdos los exteriorizamos para contarlos, lo hacemos a través del sistema inevitable de nuestra personalidad. Así, muchas veces, solemos acomodar los recuerdos para hacerlos mas atractivos e interesantes. Otras veces se nos toman confusas, difíciles de explicar.
Quizás porque nos avergüenzan. Y así vamos retocando como fotografías aquellas experiencias que las hubiéramos deseado vivir de otra manera.
Cuando nos toman una foto, solemos posar no sólo para el fotógrafo sino que también pensamos en la mucha gente que verá nuestra imagen impresa. Y queremos aparecer lo mejor posible.
Preparamos una juvenil sonrisa (que no siempre el fotógrafo sabrá captar), la cual no dudará en desdibujarse de nuestro rostro en cuanto se tome la foto, luego todo vuelve a la normalidad cotidiana: caras tristes y corazones amargados. Sin embargo, insisto en dar una imagen de
alegría y felicidad que, después de todo, no está mal si por lo menos fuese cierta y auténtica.
Al iniciar el día preparemos no sólo nuestra vestimenta, sino también seleccionamos cuidadosamente los gestos, las miradas, las palabras, las sonrisas para causar una determinada expresión en nuestros observadores. Y por las dudas ensayemos en el espejo antes de salir.
Pero, a veces, insatisfechos por nuestra actuación probamos ser otro personaje, buscando siempre la aprobación de nuestro permanente público: la familia, los amigos, aunque contradigan lo que realmente queremos ser.
La vida es un gran teatro. Y en toda obra de teatro hay buenos y malos actores. Los buenos son aquellos que entendieron su papel y lo representan y viven en cuerpo y alma. Y los malos son aquellos que recibieron un papel y lo representan mediocremente, como si no hubieran
entendido el sentido de la Obra. Otros no interpretan su papel con entereza y entusiasmo por lo que su actuación no pasa de ser algo forzado y antinatural.
Tuvieron la oportunidad de brillar, pero prefirieron la oscuridad que ocultaba su verdadera naturaleza.
Arrinconados en la penumbra que envuelve su fracaso, maldicen la luz que permite ver sus defectos.
Somos lo que realmente queremos ser? , Hemos encontrado el ansiado papel de nuestra vida?, Somos buenos actores o títeres manejados por las circunstancias? , Cuántas veces hemos querido quitarnos el disfraz que malamente hemos colocado sobre nosotros y así poder cumplir con el justo rol de nuestra vida?
Necesitamos Vivir Auténticamente!!!
Locuras de jóvenes nos dirán.
Entonces mejor callar. Hoy se prefiere el silencio, cómplice de una
hipocresía organizada y aceptada.
Pero al final de nuestra Obra, de nuestra siempre breve vida estará el público que batirá las palmas con entusiasmo si de un buen final se trata, o predicará con orgullosa y descarada sabiduría, lo que debió hacerse y lo que debió evitarse. Y en el fondo de nosotros un misterioso espectador de todos nuestros actos, que estuvo al principio y estará al final.
Quizás sea el alma que desde nuestro interior observa con paciencia y curiosidad cómo inútilmente tratamos de aparentar lo que no somos.
Tal vez el público más importante no esté afuera de nosotros.
No sea ese bulliciosos e inquieto panel de inquisidores que todo lo miden a la altura de sus fracasos y frustraciones o de sus aparentes triunfos. No hablamos de ellos. Hablamos del público dentro de nosotros que no es numeroso pero hace sentir estruendosamente su aprobación o desaprobación. Es silencioso pero se hace oír claramente en nuestra conciencia.
Es paciente, pero constantemente nos recuerda que hay que apurar el paso, al encuentro de nuestro papel, al encuentro de nuestro destino.
Amigo: Sientes, también, ese espectador interno que lee por ti y para ti? Eres el verdadero actor que sentado en su butaca espera su ingreso a esta Obra llamada: VIDA
Un abrazo a la distancia y que Dios nos bendiga
Un cordial saludo,
Erick Correa
